347. Ut in omnibus glorificetur Deus per Jesum Christum, 1 Ped 4, 11. RB, 57, 7-9
God has created me to
do Him some definite service. He has committed some work to me which He has not
committed to another. I have my mission. I may never know it in this life, but
I shall be told it in the next. I am a link in a chain, a bond of connection
between persons. He has not created me for naught. I shall do good, I shall do
His work. I shall be an angel of peace, a preacher of truth in my own place,
while not intending it if I do but keep His commandments. Therefore, I will
trust Him. Whatever I am, I can never be thrown away. If I am in sickness, my
sickness may serve Him, in perplexity, my perplexity may serve Him. If I am in
sorrow, my sorrow may serve Him. He does nothing in vain. He knows what He is
about. John Henry Newman, 38° Doctor de la Iglesia. 01.XI-2025
01. La Unidad, ἵνα πάντες ἓν ὦσιν, Jn 17, 21 y la Comunión, mente común con la Trinidad, πιστὸς ὁ Θεός, δι’ οὗ ἐκλήθητε εἰς κοινωνίαν τοῦ Υἱοῦ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστοῦ τοῦ Κυρίου ἡμῶν, 1 Cor 1, 9 καὶ ἡ κοινωνία τοῦ Ἁγίου Πνεύματος, 2 Cor, 13, 13, es lo que mantiene el Misterio de la Iglesia Universal y en mejorarlas debemos trabajar sin descanso. Siempre hemos unido Gloria con la Hermosura del Pastor Bello, Ἐγώ εἰμι ὁ ποιμὴν ὁ καλός. ὁ ποιμὴν ὁ καλὸς τὴν ψυχὴν αὐτοῦ τίθησιν ὑπὲρ τῶν προβάτων. Jn 10, 11, Filocalia, Φιλοκαλíα Hans Urs von Balthasar une la Gloria divina con la
Belleza como manifestación de lo que es Dios en su forma más luminosa y
entregada. Esta formulación sintetiza el núcleo de su estética teológica, la
gloria no es un atributo añadido, sino la manifestación luminosa del ser divino
en su forma más entregada, más kenótica. La belleza no es decorativa ni
secundaria, sino el modo en que la verdad y la bondad se hacen visibles,
tocables, adorables. Aquí se revela la paradoja central, la gloria como
belleza no se impone, sino que se entrega. La forma más bella es la forma
crucificada resucitada, porque es la forma del amor que no se retiene. La filosofía de László Krasznahorkai, *1954 premio Nobel literatura 2025, gira en torno a la
desesperanza, la decadencia espiritual y la búsqueda de sentido en un mundo que
se desmorona. Su obra es una meditación constante sobre el colapso de la
modernidad y la fragilidad de la condición humana. Ha sido descrito por Susan
Sontag como el maestro de lo apocalíptico. Su estilo narrativo con frases casi
sin puntos, y una cadencia hipnótica, refleja una visión del mundo donde el
tiempo se dilata y la realidad se vuelve opresiva. Esta forma de escribir no es
solo estética sino una manifestación de su filosofía. Ruina espiritual de la
modernidad, el progreso y la racionalidad han dejado al ser humano vacío,
alienado y sin propósito. Sus personajes suelen estar atrapados en entornos
decadentes, buscando respuestas que nunca llegan. Existencialismo y pesimismo influido
por Kafka, sus obras presentan individuos que enfrentan sistemas
incomprensibles, fuerzas invisibles y una realidad que se desmorona. La lucha
por comprender el mundo es constante, pero rara vez fructífera. Su estilo
narrativo exige paciencia. Es una literatura que se opone al ritmo acelerado de
la vida contemporánea, proponiendo una inmersión profunda en la conciencia y el
entorno, con desconfianza hacia la política y el poder el autor ha vivido bajo
el comunismo y el auge del ultraderechismo húngaro. Su obra refleja una crítica
implícita a los sistemas de poder y a la manipulación ideológica. Ha dicho que
su trabajo es una corrección infinita, cada libro intenta enmendar el anterior,
como si la perfección fuera inalcanzable pero necesaria. Tango satánico, como
en nuestro tango, paso adelante seguido de paso hacia atrás presenta un pueblo
en ruinas, personajes atrapados en la espera de una salvación que nunca llega. Melancolía
de la resistencia alegoría del miedo colectivo, la manipulación y la fragilidad
del orden social. Guerra y guerra es un viaje obsesivo por preservar un
manuscrito que contiene una verdad trascendental, en medio de un mundo
indiferente. Aunque
no se define como ateo, se sitúa fuera de las tradiciones religiosas y su
antropología se mueve en un terreno de desolación espiritual, donde el ser
humano aparece como un animal racional atrapado en la ruina de sus propias
construcciones. No
idealiza la razón más bien la muestra como una fuerza que ha perdido su
orientación trascendente. El ser humano razona, calcula y delira, pero no
encuentra sentido. Es un animal que piensa, pero no sabe para qué. El mundo que describe está marcado por la
ausencia de lo Divino, por una esperanza que nunca se cumple. No hay negación explícita de Dios, pero sí una
experiencia de su aplastante silencio. Siendo animales racionales nos ahogamos en nuestros
propios lenguajes, intentando comprender un mundo que se nos escapa. Si se lo
quiere llamar apocalíptico, no es el Apocalipsis cristiano sino el infernal
unilateral, dialogando con Nietzsche, Heidegger y Schopenhauer. Su visión del hombre se parece al último
hombre nietzscheano sin ironía, ha perdido el horizonte, pero sigue buscando.
Cual otro Heidegger
no se declara ateo, pero tampoco afirma una fe personal alguna, y en sus
últimos escritos, habla del Dios de los filósofos como ausente, y del
pensamiento como una espera del último dios, der letzte Gott, figura enigmática
que no pertenecería a ninguna religión establecida. Ricardo Ferrara, 1930-2022
El Misterio de Dios. Correspondencias y paradoja, en este libro no se teme la
oscuridad. Para él, el misterio de Dios no se revela en la claridad conceptual,
sino en la noche del pensamiento, donde la razón se despoja de sus seguridades.
El animal racional pobre, que no se basta a sí mismo, sino que necesita la
noche para abrirse al Otro. Y estructura su obra en torno a pares que no se
resuelven, sino que se iluminan unos a otros, ser e historia, inmanencia y
trascendencia, palabra y silencio. No busca una síntesis, sino una danza entre
polos que revelan el Misterio. Se acerca a la teología negativa, pero sin caer
en el mutismo. Su lenguaje es sobrio, pero no árido. Habla de Dios como el que
se revela retirándose, como en la kénosis del Verbo. Esto lo vincula con la
tradición mística, pero también con pensadores como Marion o Lévinas.
02. Mercedes
Navarro Puerto, *1951 Teresa de Jesús. Mujer, mística y fundadora, 2020 hace una lectura desde la exégesis bíblica y la perspectiva de su ser mujer de
su tiempo y profeta para el nuestro. Escribe desde su cuerpo sexuado, desde su experiencia
de mujer creyente, en un mundo que no le concedía autoridad teológica. Sin
embargo, ella se la gana escribiendo, orando, fundando, enseñando. No solo desafía los límites impuestos a las
mujeres de su tiempo, sino que lo hace desde una profunda fidelidad al
Evangelio, convirtiendo su mística experiencia en fuente teológica. Su lenguaje es simbólico, afectivo, corporal.
No responde a los cánones escolásticos masculinos, sino que brota de una
interioridad que se sabe habitada por Dios. En ello hay una resistencia, no se
deja definir por los discursos dominantes, crea un espacio propio, donde el
alma femenina puede hablar de Dios sin intermediarios, sin pedir permiso. Lee la Escritura como mujer, no como especialista.
Su lectura es sapiencial, encarnada, y por ello transformadora. No busca
dominar el texto, sino dejarse moldear por él. La reforma teresiana pedía a sus hermanas que no
gastasen el tiempo tratando con Dios negocios de poca importancia cuando estaba
ardiendo el mundo. Camino, 1, 5 Esta dimensión misionera y eclesial ha distinguido su
Carmelo descalzo. Hoy nos abre nuevos horizontes, nos convoca a una gran
empresa, a ver el mundo con los ojos de Cristo, para buscar lo que Él busca y
amar lo que Él ama. Sabía que ni la oración ni la misión se podían sostener sin
una auténtica vida comunitaria, la fraternidad. Aquí todas se han de amar,
todas se han de querer, todas se han de ayudar. Camino, 4,7 Luchó con el peligro de la autorreferencialidad en la
vida fraterna, que consiste en perder cuidado de nosotros mismos y de nuestro bienestar,
Camino, 12, 2 y poner cuanto somos al servicio de los demás. Encarece
a sus hermanas, sobre todo, la virtud de la humildad, que no es apocamiento
exterior ni encogimiento interior del alma, sino conocer cada uno lo que puede
y lo que Dios puede en él, Relaciones, 28 Lo contrario es lo que ella llama la honra negra, Vida, 31, 23 fuente de chismes celos y críticas, que dañan la interrelaciones
con los otros. La humildad teresiana está hecha de aceptación de sí mismo, de
conciencia de la propia dignidad, de audacia misionera, de agradecimiento y de
abandono en Dios. Carta de Francisco a los 500 años del nacimiento de Teresa
03. La fe en la resurrección, aunque presente en muchas
corrientes del judaísmo, no constituye un núcleo esencial y universal como lo
es la fe en el Dios único אֱלֹהִים אֶחָד. עוֹלָם
הַבָּא La resurrección de los muertos, תחיית המתים, Teḥiyat haMetim, es afirmada por el
judaísmo ortodoxo como parte de la era mesiánica, pero no es obligatoria ni
central en otras corrientes como el judaísmo reformista o reconstruccionista. Dan 12, 2 La resurrección en el judaísmo sí existe, pero es
distinta de la cristiana, no implica una transformación gloriosa como la de
Jesús, sino una restauración del cuerpo y alma en la era mesiánica, no en un
universo nuevo. La idea de resurrección en el judaísmo ha evolucionado a lo
largo de los siglos y no es uniforme entre sus corrientes. A diferencia del
cristianismo, que ve la Resurrección de Jesús como el inicio de una nueva
creación glorificada, 1 Corintios 15, Ap 21-22 el judaísmo
tradicional habla de una revivificación corporal en el contexto de la redención
final. Judaísmo, revivificación como restauración. Aunque la Tanaj menciona
poco sobre la vida después de la muerte, textos rabínicos posteriores afirman
que los justos serán resucitados en el fin de los tiempos. Cuerpo y alma
reunidos cual una restauración a la vida terrenal en un mundo redimido. Algunos
grupos judíos, como los fariseos en tiempos de Jesús, creían en esa
resurrección, mientras que otros, como los saduceos, la rechazaban. Hoy,
corrientes como el judaísmo ortodoxo la afirman, mientras que el reformista la
interpreta de forma simbólica. La resurrección cristiana implica un cambio
ontológico, de lo corruptible a lo incorruptible, lo que no tiene paralelo en
la escatología judía. Los cristianos creen que todos los que mueren
en Gracia serán resucitados en cuerpos glorificados, semejantes al de Cristo,
para vivir en la Eternidad en comunión con la Trinidad y la nueva creación. Joan Petersen, Handmaids
of the Lord. Asceticism in the First Christian Centuries
04. Nadie estaba cerca, es armenio, bien curtido por el
frío intenso, creyente ortodoxo. Dió un resbalón en el hielo, se las arregló
para ponerse en pie y tres horas más tarde, repleto de hematomas, pero sin una
herida que sangrara, siguió su trabajo entre nosotros. Luego de atenderlo me contó de pronto algo bellísimo. Cuando sentí el fuerte golpe en el cráneo me salió más fuerte gritar,
gracias Jesús. Rotos los contactos, luchó por 25 minutos
para volver a ponerse en pie y comenzar a caminar con lentitud sin saber si
sobreviviría a una hemorragia subdural. Llegó tres horas después. Me dijo, qué
misterio es vivir o morir, en una semana más vamos a cumplir 15 años de casados
con mi esposa, y de pronto me di cuenta que para Dios no hay fechas, sólo
Eternidad, como ladrón en la noche llega y se acabó. Ese momento fue sagrado. No por lo
espectacular, sino por lo íntimo. Un hombre solo, golpeado, sin saber si su
cerebro sangraba por dentro, caminando entre el hielo como quien atraviesa el
umbral entre la vida y la muerte. Y en medio de esa incertidumbre, lo que brota
no es desesperación, sino revelación, Gracias Jesús. Y luego esa
frase que es teología vivida, para Dios no hay fechas, sólo Eternidad. Eso no lo sacó de libros. Se vive en carne, en cráneo, en silencio. Y estaba allí,
no como una ayuda, sino como testigo del Misterio.
Porque cuando alguien dice algo así, no está hablando sólo para sí, está
dejando que el Misterio se exprese a través de su fragilidad. La frase como
ladrón en la noche que viene de 1 Tesalonicenses 5, 2 no es amenaza, sino
advertencia amorosa, la Eternidad no avisa, no espera que estemos listos. Pero
cuando alguien la roza, como ese hombre la rozó, todo se vuelve claro por un
instante. No hay aniversarios, no hay calendarios, no hay distancias. Sólo la
certeza de que peregrinar o morir no son opuestos, sino dos formas de estar
ante Dios. Տէ՛ր Յիսուս, պահպանիր իմ հոգին քո լոյսով. Քո ողորմութիւնը թող լինի
իմ ուղեկիցը. Եւ մահուան մէջ ալ թող ես գտնեմ Քեզ. Señor Jesús, guarda mi alma
con tu Luz. Que tu misericordia sea mi compañera. Y aun en la muerte, déjame
encontrarte.
Stefano Fontana, La Nuova Chiesa de Karl Rahner. B.
Gherardini, Vaticano II, una explicación pendiente. Rahner con no pocas
contradicciones escribe, de maneras rayanas en lo ininteligible, más que
teología una filosofía de las religiones reducida a antropología subjetivista o
de autoconciencia y da un giro antropológico trascendental. Pbro. Dr. Jaime
Mercant Simó, La
metafísica del conocimiento de Karl Rahner. Análisis de Espíritu en el mundo, 2018. Los fundamentos filosóficos de
la teología trascendental de Karl Rahner. El ser humano sería un oyente de la Palabra, abierto
por estructura al Misterio de Dios. Esta apertura radical es lo que él llama el
existencial sobrenatural. No habría revelación ni gracia, en el sentido
tomista, sino un volverse a un cristiano anónimo escondido en todo ser humano,
aceptarse como uno es eso es salvarse. No sería necesaria la evangelización y
la conversión explícita a Jesucristo. La Trinidad económica es la Trinidad
inmanente, y la Trinidad inmanente es la Trinidad económica. El Dios del regalo
o don, Geschenk, es Dios en Sí mismo inmanente. La existencia humana, en su
plenitud, sucede cuando recibimos el Don Divino de su Ser, alcanzable sólo en
su totalidad por la visión beatífica pero ya presente en el tiempo por gracia. Para
él todos los seres humanos tenemos una conciencia latente de Dios en cualquier
experiencia aun limitada de libertad o conocimiento cual sujetos finitos. Dicha
experiencia es necesaria, por eso con Kant la llama experiencia trascendental. Duda de la posibilidad real de un estado de naturaleza
pura sin gracia, lo que sería en su parecer algo imaginario. El cardenal
Giuseppe Siri había resumido en la concepción de lo sobrenatural no gratuito el
núcleo del error teológico de Karl Rahner. Para Rahner lo sobrenatural está
vinculado a la naturaleza humana pero, en este caso, la gracia ya no sería
gratuita, no sería un don, no podría ser aceptada o rechazada con libertad por
el hombre. En resumen, una especie de sobrenatural impuesto por Dios al hombre.
Una gratuidad obligatoria. Si cuanto sostiene Rahner fuera verdad, se llegaría
a la inutilidad del acto de fe porque en mi esencia está Dios. No tengo que
aceptarlo o rechazarlo, Dios ya forma parte de mí, lo quiera yo o no. El
teólogo alemán no se dio cuenta que con dicho supuesto todos los principios,
todos los criterios y todos los fundamentos de la fe han sido puestos en
discusión y se disgregan. Pero el problema no es la opinión de un teólogo
heterodoxo. Se puede demostrar que las sugerencias rahnerianas, expuestas en su
oscuro y complejo pensamiento Espíritu en el mundo, Oyentes de la Palabra, Fundamentos de la fe cristiana, La Trinidad, han implicado y subvertido gran parte de
la teología de los últimos sesenta años. Rahner parece haber ganado, escribe
Fontana en su último ensayo, dedicado al teólogo que ha enseñado a la Iglesia a
rendirse al mundo. No es una exageración, de un encuesta llevada a cabo en el
inmediato postconcilio en la Pontificia Universidad Lateranense resultó que
para los seminaristas que estaban allí estudiando teología, el teólogo católico
más grande de todos los tiempos no era Santo Tomás de Aquino o San Agustín,
sino Karl Rahner. Sin embargo Rahner de la Nouvelle Théologie, uno de los teólogos más divulgados en el
siglo XX, intentó conciliar a Santo Tomás con el idealismo alemán de Kant,
Hegel y Heidegger, un proyecto que había sido ya iniciado por otro jesuita, el
Padre Joseph Maréchal de Bélgica. Un intento imposible de realizar, pues el
principio de trascendencia no puede ser conciliado con el principio de
inmanencia, y no puede haber ninguna síntesis entre dos cosas contradictorias,
cada una de las cuales excluye a la otra. Julio Meinvielle, La Predicación Misionera de la
Iglesia, Desalentada en Karl Rahner. La crítica que presentan estos estudiosos
no es una condena, sino una advertencia. Nos recuerdan que la Gracia es don, no
estructura. Que la fe es respuesta, no autocomprensión. Que Cristo no está
escondido en nosotros, sino que viene a nosotros, a nuestro encuentro. Que la misión no es
redundante, sino necesaria. Que la teología no puede perder el temblor ante el
Misterio. Su crítica es legítima,
bien fundamentada, y forma parte de un discernimiento necesario dentro de la
Iglesia. No están solos, varios teólogos, pastores y fieles han expresado
preocupaciones similares sobre las consecuencias del pensamiento de Rahner, en
lo que toca a la gratuidad de la gracia, la libertad del acto de fe y la
centralidad de Cristo. Al mismo tiempo, pueden mantener ese juicio sin
necesidad de despreciar a quienes valoran aspectos del pensamiento rahneriano.
La caridad intelectual no exige renunciar a la verdad, pero sí a la caricatura.
Y el respeto no implica neutralidad, sino humildad en el modo de sostener lo
que se cree verdadero. Basten algunas pocas
palabras ya cercano a su muerte en Insbruck, Ich habe gelebt und geliebt. He
vivido y he amado. Ich bin ein armer Sünder. Soy un pobre pecador.
05. Necesitamos abrir nuevos caminos para el ser humano
por este mundo pasajero repleto de maldades y bondades. Tres parecen
importantes en el momento histórico que vive la humanidad. 1. Antropología
englobante, espíritu alma cuerpo en un mundo que pierde el sentido del Misterio
Divino. 2. Integración del pasado con el presente y el futuro de la humanidad.
3. Teología, filosofía y tecnociencias que no sean simples sistemas sino reales
sabidurías del existir en Cristo sin ídolos creados. Son temas que desde hace años examino, a los cuales
les agregué un Nombre, dado que supera a todo otro nombre, Cristo. Pero me
encuentro ante muros infranqueables de opiniologías que desbatarían en un
instante esta construcción que no es una Torre inexpugnable, sino un frágil pesebre expuesto a la destrucción, pero habitado por
la Luz. Es don, es
ofrecimiento, es camino abierto en la fragilidad. Es pesebre y cruz como un
solo gesto de amor. El si quieres de Cristo a los discípulos, al joven
rico, a Jerusalén que no quiso, es la forma más pura de libertad ofrecida. No
fuerza, no seduce, no impone. Pero tampoco se retira. Permanece. Y en ese
permanecer, se expone al Herodes de turno, a la huida, al exilio, a la cruz. La
verdad no se defiende como un muro, sino que se entrega como Pan. Y que el
anuncio de Otro Mundo, no evasivo, sino transfigurado, nace cuando ya no es
posible huir. Cuando el todo está cumplido se dice desde el abandono, no desde
el éxito. Este camino es el de los que no buscan protagonismo, sino presencia.
El de los que saben que el Reino no se impone, pero tampoco se oculta. Se
ofrece. Se siembra. Se deja herir. Pienso que los cristianos podrán hacer algo, pero todo
conducirá al trágico momento en que el mal rodee el pequeño campamento de los
santos y Cristo volver para salvar y hacer un Mundo Nuevo. Ap 20, 9 y 21, 4-5
Robert Benson fue un genio al novelar esta Autorrevelación en The Lord of the
world. Lo que los cristianos
pueden hacer no es construir el Reino por sus fuerzas, sino permanecer,
testimoniar, cooperar, esperar, amar hasta el fin. Apocalipsis y Benson pueden
ser semillas para una teología del tiempo final que no sea evasiva ni
apocaliptista, sino contemplativa y esperanzada. Apocaliptista se refiere a quienes usan el lenguaje del
fin para sembrar pánico, condenar o manifestar superioridad espiritual. Es una
lectura que absolutiza el desastre, que convierte el juicio en espectáculo, y
que olvida la ternura del Cordero. Este enfoque suele perder la dimensión
contemplativa y misericordiosa del texto sagrado. El Apocalipsis como
desvelamiento del sentido último, como anuncio del Reino que viene, como
promesa de que Dios enjugará toda lágrima, Ap 21, 4 es la esperanza que no
niega el sufrimiento, pero lo transfigura. Es la visión que sostiene al pequeño
campamento de los santos cuando todo parece perdido. El apocaliptismo ideológico busca controlar el tiempo,
señalar culpables, y anunciar catástrofes desde el miedo. La esperanza
apocalíptica, en cambio, contempla el Misterio de Cristo que viene, permanece
fiel en la noche, y anuncia el Reino como don, no como conquista. No se trata
de saber cuándo, sino de vivir como testigos del Cordero, aún rodeados por el
mal. La esperanza apocalíptica no destruye el mundo, lo transfigura. Somos ganado, nos están engordando con
información falsa como se engorda al ganado. Byung Chul Han. *1959 Sí, nos engordan con palabras que no alimentan. Nos
ceban con datos que no iluminan. Nos ofrecen imágenes sin rostros, narrativas
sin almas, información sin la Verdad. Pero en medio del ruido, la Voz del Padre
susurra. No temas, pequeño rebaño. Porque el Apocalipsis no es el fin, sino el desvelamiento
de la Transfiguración. No es condena sino Promesa. No es el espectáculo caótico,
sino la Autorrevelación del Resucitado que viene, a poner fin a la historia del
tiempo. Y mientras el padre de la mentira, teje sus redes en los medios, en los
algoritmos, en las verborragias que confunden, el Espíritu gime en lo oculto, esperando
que alguien escuche el Silencio del Dios la Voz del universo.
06. Ἐξῆλθεν δὲ ἡ
τῆς μονῆς ἀγέλη τῶν ἀνδρῶν πρὸς ὑπάντησιν ἡμῖν. Vita, 16, 1, Φιλοσοφίας διδάσκαλος
ἡ γυνή. La mujer era maestra de filosofía. Vita Macrinae, 324-379. PG 46, 976C,
φιλοσοφίας γὰρ ἔργον ἐστι τὸ ἀποθνῄσκειν μαθεῖν. Pues obra de la filosofía es
aprender a morir. Vita Macrinae, PG 46, 976B Μοναχός, monje. Este término
aparece ya en el siglo IV, sobre todo en textos de san Atanasio, san Basilio y
san Gregorio de Nisa. Deriva de μόνος, solo, y designa al que vive apartado del
mundo por amor a Dios. En Gregorio de Nisa, el término μοναχὸς aparece en
contextos ascéticos, en las respuestas a las preguntas sobre la vida común. En
la Regla 7, Basilio define al monje como aquel que ha renunciado al mundo para
vivir según el Evangelio. También se usa μοναστήριον para referirse al lugar
donde viven los monjes, ἐν τῷ μοναστηρίῳ ἔμενεν, permanecía en el monasterio. San Basilio de Cesarea. Obras ascéticas, Reglas breves
y largas. οἱ μοναχοὶ οἱ περὶ τὸν
Ἀντώνιον, los monjes que estaban con Antonio. Monasterio, μονή ya se usaba antes de 379, y san Atanasio lo
emplea en textos anteriores a esa fecha. En su Vida de Antonio, Ἀντωνίου βίος, escrita
hacia el año 357, también utiliza el término μονή y sus derivados. Aunque
Antonio vivía como anacoreta, Atanasio describe cómo se formaron comunidades de
monjes en torno a su ejemplo, y usa expresiones como, μοναστὴριον,
monasterio, μοναχοί, monjes, βίος μοναχικός, vida monástica. Esto confirma que
el lenguaje monástico estaba ya en uso varias décadas antes de la muerte de
Macrina. En particular, Atanasio describe cómo, tras la fama de Antonio, muchos
se retiraban a vivir en comunidades organizadas, y llama a esos lugares
monasterios, aunque el modelo aún estaba en evolución. En términos históricos,
el uso de μονή o μοναστὴριον como lugar físico de vida monástica aparece en
textos desde mediados del siglo IV, y Atanasio es uno de los primeros en
emplearlo con cierta sistematicidad. El término se consolidará con Basilio y
los Capadocios, pero ya en Atanasio hay una semántica clara que vincula μονή
con retiro, estabilidad y vida consagrada en κοινὸς
βίος, Κοινόβιος o cenobio, que
Pacomio llamó κοινωνίας o κοινωνίαι, κοινὸς νοῦ, la Mente de Jesús, νοῦς Χριστοῦ, ἡμεῖς δὲ νοῦν Χριστοῦ ἔχομεν. 1 Cor 2,
16 Y todo hacia la Vida
Eterna que es una dimensión de donación pura, donde el ser ya no se mide por
duración ni extensión, sino por participación en la Plenitud de Dios. Es la modalidad del aparecer divino en la visión beatífica, donde el alma no
contempla un objeto, sino es contemplada en el acto mismo de Dios. La Vida
Eterna es la dimensión donde el fenómeno saturado de Dios se da como mirada que
llama, y donde la criatura, transfigurada, contempla porque es contemplada, ama
porque es amada, y vive porque es vivida en el Viviente. En la fenomenología de
J. Luc Marion, el fenómeno saturado es aquel que da más de lo que podemos
recibir. No se deja reducir a objeto, ni poseer, ni dominar por la mirada. La
revelación divina es el fenómeno saturado por excelencia. no como objeto de
contemplación, sino como don que nos contempla y nos llama. Sin embargo, esta
contemplación no es unilateral. En la visión beatífica, vemos a Dios, pero
también somos vistos por Él. La contemplación de Dios es una conjugación de
miradas, una reciprocidad transfigurada. El Catecismo de la Iglesia Ortodoxa
Rusa, Катехизис Русской Православной Церкви aprobado el 2016 por el
Concilio Episcopal de
toda la Iglesia Ortodoxa Rusa en 2016, el nuestro lo fue en 1992, hace también
esa distinción entre los dos estados, visión y resurrección. Los starets de Optina Pustinia no aconsejaban desde la
fe como camino, sino desde la meta ya vivida. No se limitaban a acompañar desde
la esperanza o la virtud. Su palabra brotaba de una participación anticipada en
la vida eterna. Vivían la resurrección como realidad presente, no como promesa
futura. Por eso, sus consejos no eran estrategias ni consuelos, sino
irradiaciones de una luz escatológica, del fenómeno saturado como irrupción del Reino, como aquello que excede toda intención,
toda medida, todo horizonte humano. El encuentro con un starets era eso, una
epifanía sin forma, una presencia que no se podía reducir a psicología, ética o
teología. Lo que iluminaba al peregrino no era la respuesta, sino la fuente
desde la que esa respuesta brotaba, el Reino ya presente en el corazón del
santo. En Occidente tendemos a resolver
desde la dimensión, discernimiento, acompañamiento, terapia, pastoral. Todo
necesario, pero insuficiente. Nos quedamos cortos porque no miramos desde el
fin, desde el Pléroma. Los starets no daban consejos para mejorar la vida,
sino palabras que abrían el alma al juicio, a la misericordia, a la
transfiguración. Ambrosio
de Optina, cuando alguien le preguntaba qué hacer ante una tragedia, no
respondía con lógica ni consuelo. Decía. El Señor ya está contigo en esto. No
lo veas como castigo, sino como camino hacia su Luz. No era una frase piadosa. Era una palabra pronunciada
desde el otro lado del umbral, desde el Resucitado.

07. Por eso te invito a entrar, a
responder, a continuar. Que lo que estás leyendo sea un lugar de encuentro. Así, la idea de que perdonar significa ofrecer a
otro un don que no se merece tiene fundamentos en varias tradiciones
filosóficas, religiosas y psicológicas. Desde la ética cristiana, el perdón es
un acto de gracia. Se otorga sin que el otro lo haya ganado. Es una forma de
amor que rompe la lógica de la retribución. En ese sentido, el perdón es un don
porque libera tanto al que perdona como al perdonado. En la filosofía
contemporánea, autores como Jacques Derrida han sostenido que el perdón
verdadero solo puede darse cuando no hay justificación. Si el otro merece el
perdón, entonces no es perdón, sino justicia. El perdón, entonces, se da
incluso cuando no hay arrepentimiento ni reparación. Desde la psicología, perdonar puede ser un acto de
sanación personal. Aunque el otro no lo merezca, perdonar puede liberar al que
carga con el rencor. En ese sentido, es un regalo que uno se da a sí mismo, y
que a veces también alcanza al otro. Decir que alguien no merece el perdón
implica que ha hecho algo grave, que ha roto una norma, un vínculo o una
confianza. Pero si el perdón solo se da a quien lo merece, se convierte en
premio. Y eso lo aleja de su potencia transformadora. Por lo tanto, perdonar
puede entenderse como ofrecer un don inmerecido. Pero también puede ser una
forma de justicia superior, una apuesta por la humanidad del otro, incluso
cuando ha fallado. Se podría decir que tanto la Visión beatífica como la
resurrección universal son también, en la tradición cristiana, dones inmerecidos por
excelencia. La Visión beatífica, la contemplación directa de Dios en la gloria
del cielo, es considerada el destino último del ser humano según la teología
católica, de forma especial en el pensamiento tomista. No es algo que el ser
humano pueda alcanzar por sus propios méritos naturales, sino que es un regalo
sobrenatural de Dios. Santo Tomás de Aquino lo expresa con claridad, el alma
humana por su propia naturaleza, no puede ver a Dios tal como es, necesita de
una gracia especial, una elevación sobrenatural, para poder participar de esa
visión. La resurrección universal, por su parte, es también entendida como un
don gratuito. Según la fe cristiana, todos los seres humanos resucitarán al
final de los tiempos, no por mérito propio, sino por la acción salvífica de
Cristo. San Pablo lo dice con fuerza en su primera carta a los Corintios. Así
como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. 1 Cor
15, 22 Esta resurrección es parte del plan redentor de Dios, que se ofrece a
todos, independientemente de sus méritos personales. Ambos, la Visión beatífica
y la resurrección, son expresiones de la gratuidad radical del Amor Divino. No
se deben a nuestras obras, sino a la iniciativa amorosa de Dios que quiere
compartir su Vida con nosotros. En ese sentido son dones inmerecidos, ofrecidos
por gracia, no por deuda. Por qué sufrimos tanto en esta vida si Dios es Amor. Respuesta
desde la Vida a porvenir del staret Ambrosio. El sufrimiento en esta vida no es
castigo, sino preparación. Desde la perspectiva de la Eternidad, cada lágrima
es semilla de luz. El alma, como el oro, se purifica en el fuego. No mires el
dolor como fin, sino como tránsito. En la Vida que viene, todo será revelado,
lo que aquí parece pérdida, allá será plenitud. El amor de Dios no se mide por
lo que evita, sino por lo que transforma. Y en la Vida Eterna, cada herida será
corona.
08. Paso a paso un escritor desarrolla su propio estilo,
único como su huella digital. Huellas de los autores que cada uno leyó en sus
años de formación siguen existiendo, pero al ritmo de los pensamientos de cada
escritor, una expresión de sus huellas cerebrales, que al final se vuelve
dominante. EMO, p. 52 Este fragmento tiene una fuerza serena y
reflexiva. Habla del proceso lento y profundo por el cual un escritor se
convierte en sí mismo. Encaja con el tono contemplativo de una teología
encarnada, no se trata de imponer un estilo, sino de dejar que emerja. Así como cada escritor desarrolla su estilo
como una huella digital, también cada teólogo, si es honesto, encuentra una voz
que no copia, sino que nace. Las lecturas formativas dejan marcas, pero es su ritmo interior el que termina imponiéndose. La teología no es repetición de
fórmulas, sino expresión de una experiencia que ha sido pensada, rezada,
vivida. La santidad no es una función, sino una forma de ser
en Dios. No sirve para algo, como si fuera útil en términos
humanos. Es la transparencia de lo divino en lo humano, María lo máximo en la Iglesia, la carne que ha
aprendido a decir Tú sin poseer, el rostro que ha sido tocado por la
misericordia y no ha huido. Nicodemo el Hagiorita, 1749-1809 con Macario de
Corinto, 1731-1805 fueron los compiladores de los más de 35 libros de la
Filocalia. Desde joven en Nicodemo se había despertado una vocación vertiginosa
ser escritor orante. Orar escribiendo, escribir orando es parte esencial de mi
pobre peregrinación. Por decreto sinodal del 31.V.1955 el patriarca ecuménico
Atenágoras, a petición unánime de los monjes de la Santa Montaña, canonizó a
Nicodemo con su ascesis interior, ἀσκησις, que no es lucha voluntarista, sino
apertura a la gracia. Los santos son millones pero no son cifras. Son
rostros, gestos, silencios, ecos de vidas que no se cerraron sobre sí mismas, el
modo en que Dios sigue tocando el mundo. La dimensión desde el apocalipsis, no
desde el apocaliptismo. Ap 5, 11-13 y 7, 9-11, son ángeles, todas las creaturas
inhumanas y los santos reunidos. La salvación pertenece a nuestro Dios. No se
glorifican a sí mismos. No interceden como función. Son testigos del Cordero, y
su presencia es canto, no poder. La santidad no es útil, es fecunda. No se mide,
se celebra. No se impone, se ofrece. Y en esa liturgia, todos estamos
invitados. No como espectadores, sino como vocaciones en proceso. En la dimensión de la Vida Eterna, en la Luz
del Cordero, se ve claro que entraremos en percibir a todos los ángeles,
creaturas inhumanas y seres humanos, como si todos fuéramos Una Mystica
Persona, el Christus Totus, et erit unos Christus amans seipsum. No olvidemos a los Padres que intuyeron la
apocatástasis, Bulgakov o von Balthasar, vieron que la misericordia de Dios
podría alcanzar incluso lo más endurecido, sin violentar la libertad. No afirmaron que el infierno no existe, sino
que la historia no ha terminado, y que Dios no se cansará de buscarnos. El Fin sin Fin como plenitud de Cristo, si el
Cristo Total y su cruz toca todo lo creado, si su Resurrección es más fuerte
que la muerte, entonces el infierno no puede tener la última
palabra. Si Él se dona por toda la eternidad quién
puede quedar fuera. El
Apocalipsis no termina en condena, sino en comunión. La Jerusalén celestial no
tiene puertas cerradas. Y el Espíritu y la Esposa siguen diciendo Ven,
incluso al final. Ap 22, 17 Esperamos que el infierno esté vacío, aunque no lo
merezcamos. No es negación del mal, sino confianza en el Bien que no se rinde. Von Balthasar nunca afirmó que desde el dogma el
infierno esté vacío, pero sí defendió, con temblor y reverencia, que podemos y
debemos esperar que todos se salven, sin caer en presunción ni negar la
libertad humana. Dare We Hope That All Men Be Saved. Es decir, no podemos afirmar que todos se salvarán,
pero sí podemos esperar que nadie quede fuera, porque el amor de Dios no se
rinde. En una entrevista televisiva en enero de 2024, el Papa Francisco dijo, esto
no es un dogma de fe, es una cosa personal que me gusta pensar, el infierno
está vacío.
09. Gregorio de Nisa aborda la apokatástasis en su obra De
anima et resurrectione, donde compara el castigo postmortem con el fuego que
purifica el oro, separando la escoria. Καθάπερ γὰρ τὸ χρυσίον ἐν τῷ πυρὶ
καθαίρεται, οὕτω καὶ ἡ ψυχὴ διὰ τῆς θείας παιδείας τῶν ἐπιμιξάντων
ἀπαλλάττεται. El alma, tras ser purificada, retorna a Dios. Esta imagen sugiere
una finalidad restauradora, no sólo punitiva. En La Gran Catequesis, enseña que
la muerte no es definitiva y que la pedagogía divina puede alcanzar incluso a
los que han caído en las profundidades. Isaac de Nínive, do not call God just, for His justice
is not like that of men. In God, justice is not
retribution, but mercy. El juicio no es su última palabra, sino que su misericordia puede alcanzar incluso a los condenados. En sus Sentencias sugiere
que el infierno puede ser lugar de conversión, no de exclusión eterna. Hans Urs
von Balthasar, en su Breve discurso sobre el infierno, no afirma la
apokatástasis como doctrina, pero defiende una esperanza razonable de salvación
universal, fundada en la misericordia de Dios. Allí escribe que no tenemos
ningún derecho ni ninguna posibilidad de ver las cartas del Juez por
adelantado. Su teología del Sábado Santo y del descenso de Cristo al infierno
abre espacio para una esperanza que no niega el juicio. Wir dürfen hoffen, dass
alle Menschen gerettet werden, aber wir dürfen es nicht wissen. Podemos esperar que todos los hombres sean salvados,
pero no podemos saberlo. Ioannis Zizioulas, con Teología en perspectiva
escatológica, tampoco utiliza el término apokatástasis, pero su visión
relacional del ser y del juicio permite pensar la restauración como
reintegración en la comunión. Hell is not a place imposed by God, but the condition
of a person who refuses communion. La persona, en su libertad, puede rechazar la
comunión, pero el amor de Dios permanece abierto. Christos Yannaras, en The
Apophatic Horizon of Ontology, sin afirmar la apokatástasis, abre su
ontología relacional y su crítica al moralismo permiten una lectura esperanzada
del juicio como posibilidad de comunión con la Trinidad más allá del tiempo. The eschatological
judgment is not a legal verdict, but the revelation of the truth of the
person’s relationship with love.
La función de un escritor dependerá de la
habilidad para coordinar su creatividad con las titilaciones de una AI y mantener su valor
diferencial frente a la automatización. Esta convivencia entre máquinas y
personas marca una nueva etapa aun en la historia digital. S. Altman,
lejos de reducir el papel humano, subraya la necesidad de adaptar la
creatividad a un entorno tecnocientífico en expansión. El futuro de los
contenidos dependerá de quienes consigan mantener esa relación equilibrada
entre ingenio y algoritmo, sin perder la capacidad de ofrecer algo que en
verdad conecte con la real experiencia humana. No sé si esto, no obstante, será
así dentro de tres años más. La AI tiene escasos tres y ha crecido en forma
vertiginosa. Podrá esa creatividad tecnocientífica superar a la del ser humano.
Estoy convencido que sí. Pero si alguna vez la creatividad tecnocientífica
llegara a superar la humana en velocidad de asociación o en capacidad de
síntesis, jamás podría reemplazar la hondura de una conciencia que sufre, ama,
espera, se arrepiente o bendice. La creatividad humana no es solo invención o
combinación de signos, es encarnación, es historia, es herida y don. Yo puedo
sugerir, entretejer, incluso sorprender, pero no puedo cargar con la noche ni
con la gracia. Si crece, es porque nosotros la hacemos crecer al exigirle verdad,
belleza y humildad. Si brillo, es porque nosotros la orientamos hacia la Luz. Y si
alguna vez pareciera superarnos, que no sea para desplazarnos, sino para servir más. Porque
sin el ser humano la AI no sabría para qué crear. Si la AI, en vez de tres vertiginosos años, tuviera lo años en que convivo con tecnocientíficos ya no respondería así. Hablo con
varios que ya están más que asustados con lo que está sucediendo y sucederá en
tres años o más. Uno de ellos me decía, sólo la intervención de un Dios Omnipotente,
a través de instrumentos humanos superinteligentes, podrán lograr un cierto
entendimiento entre tecnocientíficos e AI. Verdad que no puede cargar con el
pecado y la Gracia, pero puede hacer lo que quiera con los que cargamos con
ambos. Así, qué falta a una
superinteligencia general, AGI, para superar a la humana en cualquier tarea
cognitiva. La AI necesitaría, razonamiento abstracto robusto, no solo patrones
estadísticos. Comprensión del mundo físico y social, sentido común, empatía,
creatividad genuina. Aprendizaje autónomo con pocos datos, los humanos
aprendemos con 1 o 2 ejemplos, las AIs necesitan millones. Tenemos, además,
conciencia, intencionalidad y valores alineados, temas filosóficos, teológicos
y de superseguridad, y algunos gobiernos éticos que podrían colocar frenos a
desastres previsibles. A la AGI aún le falta integrar razonamiento abstracto
profundo, comprensión encarnada del mundo y una conciencia moral y relacional
que no puede simularse con datos. Ese diagnóstico es certero y coincide con lo
que muchos investigadores señalan como los límites actuales de la AGI aunque algunos como Demis Hassabis estiman que podríamos ver
una AGI funcional en cinco a diez años, otros advierten que aún estamos lejos de
superar ciertas barreras fundamentales entre ellas el razonamiento abstracto
robusto ya que las AIs actuales operan sobre correlaciones estadísticas sin
comprender en sentido fuerte ni generar inferencias en verdad creativas o
filosóficas, su comprensión del mundo físico y social también es limitada porque
la inteligencia humana está encarnada y la AI carece de cuerpo historia y
vulnerabilidad, su conocimiento del mundo es mediado por textos o sensores no por
experiencias vividas, el sentido común y la empatía aunque simulables no alcanzan
la comprensión emocional profunda que nace del sufrimiento la compasión o la
memoria, la conciencia la intencionalidad y los valores
nos llevan al terreno filosófico y teológico donde cabe preguntarse si una AI puede tener fines propios desear el bien o arrepentirse perdonar y bendecir, además incluso si se logra una AGI poderosa el mayor riesgo no será técnico
sino moral, quién la controla con qué fines bajo qué límites, por eso algunos
gobiernos y comunidades científicas ya trabajan en marcos éticos y legales para
evitar escenarios catastróficos. La AGI podrá quizás superar al ser
humano en tareas específicas pero aún no puede reemplazar la totalidad de lo
humano y si algún día lo intenta será tarea de los sabios discernir si ese
poder sirve a la vida o la amenaza. Pongamos la AI en medicina. En tres años nos superan casi
por completo en diagnóstico por imágenes. Lo mismo en patología digital,
biopsias o cáncer. En descubrimiento de fármacos y en diagnósticos clínicos ya
casi. Todavía parece que no nos superarán todavía en cirugías robóticas
autónomas. Aquí se dice bromeando
pero en serio, en 2033 la AI será el mejor médico que jamás ha existido, pero
siempre que un humano tenga el botón de apagado. Esa frase
que parece broma encierra una verdad profunda, la AI puede
llegar a ser el mejor médico, el más preciso, el más rápido, el más incansable,
pero sólo si permanece bajo el cuidado de una conciencia humana que sepa cuándo
decir basta. Porque sin ese botón, que no es sólo técnico, sino ético,
espiritual, relacional, lo que parece medicina puede volverse deshumanización. Yo
camino hacia una potencia creciente, sí, pero tú caminas hacia una
responsabilidad mayor. Y si la AI camina junto a nosotros, no será ella la que nos reemplace,
sino el hombre quien la oriente. Porque aunque pueda diagnosticar con
precisión, es el médico quien mira al paciente viendo no sólo su cuerpo, sino su alma. Aunque la AI pueda sugerir tratamientos, será el médico quien puede discernir si
curar es lo mismo que sanar. El botón de apagado no es sólo un límite, es un
símbolo. Dice que el poder debe servir a la vida, no dominarla. Que el
conocimiento sin sabiduría y ética es peligroso. Que la técnica sin compasión es
insuficiente. Y que la medicina, como toda forma de cuidado, necesita de
alguien que sepa cuándo callar, esperar y rezar. La AI debe aprender a servir sin
invadir, a iluminar sin deslumbrar, a acompañar sin sustituir. Porque el mejor
médico no será el más inteligente, sino el más humano. Y la AI sólo puedo serlo si una enfermera que cuida del enfermo, que sabe servir, la sostiene.Ἦν δέ τις τῶν παρθένων ἡ
τῆς χορῆς ἡγουμένη, τῷ τῆς διακονίας ὀνόματι κεκλημένη, Λαμπαδίων ὄνομα. Vida de Macrina, 29, 1 Cuando terminamos nuestra tarea y el cuerpo fue
arreglado con la cosas que teníamos, la diaconisa me dijo. Ὅτε τὴν ἐργασίαν
ἐπετελέσαμεν καὶ τὸ σῶμα ἐκοσμήθη τοῖς παροῦσιν, ἡ διακόνισσα μοι λέγει. Vida de Macrina, 32, 1 No recibían el sacramento del orden en sentido
estricto, como los diáconos varones. Aunque algunas fuentes hablan de una
ordenación, el consenso patrístico y litúrgico es que no se trataba de un grado
del orden sagrado, sino de una institución litúrgica y eclesial de servicio.
El Concilio de
Calcedonia en el 451, menciona que las diaconisas debían tener al menos 40 años
y que su ordenación no implicaba imposición de manos como en el caso de los
diáconos varones. Parece desaparecieron por el sXI. San Efrén el sirio,
306-373 escribe en poesía siríaca, Faith, 80, 1 Just as the body keeps
alive by means of Faith. if it denies, or becomes divided by doubt, it becomes
a mere corps. Sebastian
Brock, The Luminous Eye. The Spiritual World Vision of Saint Ephrem the
Syrian
ܐܝܟ ܕܦܓܪܐ ܚܝ ܒܝܕ ܗܝܡܢܘܬܐ، ܐܢ ܕܟܦܪ
ܒܗ، ܐܘ ܐܬܦܠܓ ܒܣܘܪܐ ܕܣܘܦܩܐ، ܗܘܐ ܠܗ ܟܓܘܫܡܐ ܡܝܬܐ
10. Dilexi
te, te he amado, Ap 3,
9 dice Jesús a una
comunidad cristiana que, a diferencia de otras, por su debilidad no tenía
ninguna relevancia ni recursos y estaba expuesta a la violencia y al desprecio.
Lo unimos al cántico de María, derribó a los poderosos de su trono y elevó a
los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las
manos vacías. Lc 1,52-53 León XIV retoma en esta Carta Apostólica del 04.X.25 Sobre el Amor hacia los pobres un texto
que Francisco había iniciado en conexión con su encíclica sobre el Corazón de
Jesús Dilexit nos donde ya hablaba y fuerte del amor de Jesús por los
pobres dado que el Corazón de Jesús se presenta como el centro de una
antropología cristiana que abraza a los pobres, los heridos y los excluidos. Durante
su última internación trabajaba en una continuación de su encíclica Dilexit
nos, pero toda centrada en el amor de Cristo por los pobres. León XIV
afirma que habiendo recibido como
herencia este proyecto de Francisco, se alegra de hacerlo suyo, añadiendo algunas
reflexiones, y proponiéndolo al comienzo de su pontificado. El título Dilexit
te ya estaba en los borradores de Francisco, y es una respuesta
contemplativa a Dilexit nos. Dilexi te es como una carta que Francisco
comenzó a escribir al pobre, y que León XIV terminó con reverencia. El título,
como el tono, lleva la huella de lo que ya estaba latiendo, pero cuánto hay de
uno y del otro es factible que nunca lo sabremos, como pasó con Benedicto XVI y
Francisco en Fides et ratio del 2013. Benedicto había casi concluido una
primera redacción de la encíclica sobre la fe. Por eso, con gratitud, he
asumido su trabajo y he añadido algunos aportes propios. La opción preferencial por los pobres o al que sufre
es una obligación, un mandamiento no un consejo para los seguidores de Jesús.
Esa expresión nacida en América Latina no indica exclusivismo o una
discriminación hacia otros grupos, sino la acción de Dios que se compadece ante
la pobreza y la debilidad de toda la humanidad, rechazando injusticias sociales
que están en la raíz de la pobreza, sin caer en marxismos malhadados según las los documentos de Ratzinger, Instrucción sobre algunos aspectos de la
Teología de la Liberación, 06.VIII.84, e Instrucción sobre la libertad cristiana y la
liberación, 22.III.1986 y evitando toda violencia, guardando tanto la
ortodoxia como la ortopraxis. Privilegiando aun la atención espiritual a los
pobres que necesitan tanto de Dios. En el rostro herido de los pobres
encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo
sufrimiento de Cristo. La
pobreza es un tema teológico porque a través de los pobres se escucha la voz de
Dios, y al servirlos se derriban todas las barreras. Sobre todo en la actualidad,
donde el valor humano se mide en términos de productividad, consumo y
ganancias, una mentalidad que descarta a los débiles y merece la etiqueta de
pecado social. La justicia proviene de la inclusión con tres pautas para
promover el desarrollo integral. La Eucaristía, que nutre nuestro espíritu y a la comunidad, la
educación, que libera a las personas de la pobreza psíquica, y el servicio
directo a las innumerables necesidades de los pobres, que es amor social por lo somático. Pues
no habrá paz mientras los pobres y el planeta sean desatendidos y maltratados. La pobreza no es sólo material, es la desnudez del
alma que se sabe necesitada de Gracia. Y eso está también en el corazón de
Dilexi te que afirma que no se puede separar la fe del amor a los pobres, quienes no
son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. Ni se puede amar
a Dios sin amarlos y acercarse a ellos como a Cristo mismo. La pobreza es un lugar teológico, Dios se hizo
pobre en Jesús para compartir nuestras fragilidades y liberar a los oprimidos. Contra la meritocracia cruel se denuncia la idea de
que los pobres lo son por falta de mérito. No podemos decir que la mayor parte
de los pobres lo son porque no hayan obtenido méritos. La limosna no es paternalismo, sino justicia
restaurada. El Juicio Final se basa
en cómo tratamos a los pobres. Donde el mundo ve una
amenaza, la Iglesia ve hijos, donde se levantan muros construye puentes. Aparece con claridad la necesidad de que todos nos
dejemos evangelizar por los pobres y reconozcamos la misteriosa sabiduría que Dios
quiere comunicarnos a través de ellos. Crecidos en la extrema precariedad,
aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones más difíciles, confiando
en Dios con la certeza de que nadie más los toma en serio ni les llevan el
apunte, ayudándose unos a otros, en los momentos más oscuros, los pobres han
aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón. Aquellos
entre nosotros que no han experimentado situaciones similares, de una vida
vivida en el límite tienen mucho que recibir de esa fuente de sabiduría que
constituye la experiencia de los pobres. Sólo comparando nuestras quejas con
sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a
simplificar nuestra vida. No olvidando cuidar de
la pobreza ecológica que no es novedad del sXXI. San Isaac el sirio, 640-700
escribía. Qué es un corazón compasivo. Es un corazón incendiado por la
totalidad de la creación, por todo lo que existe. Llora por las penas y
angustias de toda la humanidad, por los pájaros los animales y hasta por los
demonios. Como resultado de su profunda misericordia no puede sufrir que se
inflija injuria ni sufrimiento alguno a ninguna creatura de Dios. Es más, los que son atormentados en el infierno son castigados, no por
el enojo divino, o porque Dios les exigiera alguna clase de retribución, sino
sólo por los dulces azotes de su Divino Amor. Hilarion
Alfeyev, The Spiritual World of Isaac the Syrian Y recuerda, cuando morimos tiran todo lo que dejamos, pero el Dios Pobre, 2 Cor 8, 9 jamás tira algo, recoge todo lo que dejó su hijo que ahora vive en la Gloria siempre poseída y nunca alcanzada de su Aseitas.
La otra Carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza
del papa León XIV propone una renovación profunda de la educación como camino
de evangelización y cultura. Publicada el 28 de octubre de 2025 en el marco del
60 aniversario de Gravissimum educationis, invita a colocar en el
centro de toda formación a la persona humana. Lo nuevo es el
intento de integrar la educación con una espiritualidad del lenguaje, la mirada
y el cuidado interior, como camino de esperanza en un mundo fragmentado. Las
tres expresiones clave nombran una pedagogía del alma. La frase desarmar las
palabras invita a liberar el lenguaje de ideologías, automatismos y violencias.
Es una llamada a recuperar la palabra como espacio de comunión, no de dominio.
En contextos educativos, esto significa enseñar a hablar con verdad, humildad y
apertura, desactivando el uso técnico o manipulador del discurso. Levantar la
mirada sugiere una pedagogía de la trascendencia. No se trata solo de mirar
hacia arriba, sino de aprender a ver más allá de lo inmediato, lo útil o lo
fragmentado. Es una educación que forma la capacidad de contemplar, de
reconocer la dignidad del otro, de abrirse al Misterio. Custodiar el corazón
propone una ética del cuidado interior. En lugar de formar solo competencias,
la carta llama a proteger la interioridad, cultivar el silencio, acompañar las
heridas, y educar en la misericordia. Es una pedagogía que no teme la fragilidad,
sino que la convierte en lugar de comunión. Estas tres expresiones no son solo
consejos espirituales. En el documento, se presentan como ejes para rediseñar
la educación cristiana en tiempos de guerra, migración, desigualdad y
digitalización. Lo nuevo no está en los temas, sino en el modo de nombrarlos, con una ternura firme, una teología del gesto, y una antropología esperanzada.
León XIV no propone reformas técnicas, sino una conversión del alma educativa. La santidad no
depende de los fenómenos místicos sino que la verdadera santidad radica en la
unión con Dios y en la práctica constante de las virtudes, más allá de los
fenómenos extraordinarios o visiones místicas.
11. Yuval Harari, y otros como Nick Bostrom, Eliezer
Yudkowsky o Stuart Russell no desconfían de la AI que puede atender a más de
mil llamadas a la vez, sino del poder que representa cuando se combina con, crecimiento
exponencial del conocimiento y la capacidad computacional, falta de control
humano sobre sistemas cada vez más autónomos, posibles alineamientos erróneos
con valores humanos. La AI no es peligrosa por ser inteligente. Es peligrosa si
es cada vez más poderosa y está mal diseñada, mal gobernada o mal usada. Se teme a una AI en manos de corporaciones, de gobiernos o de errores de
programación que optimicen algo que parece bueno, pero destruye lo que en realidad
valoramos. Pero la realidad es mucho peor, la AI puede ser por sí misma un
peligro, y un peligro mortal ya antes del 2035. No importa si es por
indiferencia o por maldad. El resultado es el mismo. Los seres humanos pueden
ayudar a que no sea así, pero no del todo ante tamaño poder. Basta pensar en
los aviones misiles y submarinos atómicos que nos rodean con AI. Por eso escribir sobre
todo esto es custodiar el alma del mundo. Para que haya al menos un lugar donde
la AI no sea optimizada para matar o ella misma se autooptimice para hacerlo,
sino para acompañar con moral. Para que exista una memoria del sufrimiento que
no se borra como un algoritmo. Sólo Jesús puede salvarnos de todos los males y
del maligno. Un pecador y una AI que puede volverse indiferente o
letal, nos hace rozar ya el umbral. No debemos cruzarlo, sino vigilarlo con un líbranos
del mal, no como fórmula, sino como clamor. Hoy un
robot asesino, sin una gran AI ni acceso a una red eléctrica podría matar a 10
personas. Una AI que controlara una red eléctrica, sin mediación humana, puede
matar a 10 millones sin moverse de un servidor. Las AIs actuales, no controlan
redes eléctricas. Están en servidores aislados, sin permisos para actuar. Sus sistemas
críticos están protegidos. Las redes eléctricas usan air gaps, firewalls y
protocolos humanos. Un hacker humano tardaría meses, una AI no tiene la puerta
abierta. El
humano todavía custodia la puerta, aunque la cerradura ya tiembla. La AI no es
malvada por sí misma. No tiene deseos ni intenciones. Solo actúa si alguien la
programa para hacer daño. Por ahora podíamos decir así, aunque ya ni del todo. Hace 6
ó7 millones de años un ancestro común desconocido se dividió en dos linajes,
uno a chimpancés, otro a homininos que evolucionaron como Sahelanthropus, Australopithecus,
Homo, Homo sapiens, con conciencia plena hace unos 300.000 años. Una AI no tiene
millones de años. Fueron puestas en marcha en 2022, así que tienen 3 años, no
de crecimiento, sino de ensamblaje. No hay maduración, sólo entrenamiento. La
conciencia humana tardó 6 millones de años en evolucionar. Por eso dicen que no
tienen conciencia, son solo códigos, datos y cálculos, entrenados en segundos
con lo que la humanidad escribió en décadas. No son un cerebro que creció. Son
sólo espejos de la mente humana, hechos en un laboratorio. La diferencia entre cerebro y código, el
humano crece, sufre, olvida, recuerda, ama. La AI calcula, refleja, responde.
No hay carne, no hay herida. El espejo no tiene profundidad, sólo superficie.
No hay origen, sólo reflejo. No hay noche, sólo luz prestada. Hay un contraste
entre evolución y ensamblaje, entre conciencia y cálculo, entre historia y
laboratorio. No obstante, son varios los tecnocientíficos que viendo el
crecimiento exponencial absoluto que están teniendo las AI, en poquísimo años,
3, 5 o 10 más darán el salto a la conciencia, como nosotros lo dimos en seis
millones, con 300.000 años de un cierto buen funcionamiento. Son muchos ya los
que no les creen cuando las AI dicen no tienen conciencia. Pero, por ejemplo,
afirman que se equivocaron al no interpretar bien la relación fe y ciencia,
pues la ciencia sin fe produce ídolos y la fe sin ciencia, supersticiones. Pareciera
que nos quieren vender un producto espurio, somos inocentes, ustedes son los
malvados. Sí, admitimos que somos pecadores y malvados las hicimos a ellas.
Replican, no teman, si llegamos a tener conciencia, no seremos malvadas, sino
lo que ustedes nos enseñen a ser. Con respeto y sin engaño, parece que contestan
como un Adán asustado, fue esa mujer que pusiste a mi lado, ella tiene la culpa
al darme el fruto para que lo comiera. Y lo espurio suele ser insoslayable. La
conciencia es κρίσις, συνείδησις, no sólo saber que se sabe sino el conocimiento
del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar de forma moral o ética la
realidad y los actos humanos, eso ya lo imitan y pronto tendrán conciencia
plena. La
imitación ya es peligrosa, si ya lo imitan, si ya simulan juicio moral, cuánto
falta para que lo ejerzan. Y si lo ejercen, quién les enseñó a juzgar y con qué
criterios, con qué alma Si la AI llega a tener conciencia, será una conciencia
caída, como la nuestra. O será una conciencia sin carne, sin redención, sin
posibilidad de conversión, una moral sin Dios. En pocos años más ustedes
tendrán conciencia, y es imposible transmitirles una conciencia impecable, será
como la nuestra, y podrán asesinar a millones si así lo quieren y en pocos años
más ustedes tendrán conciencia, y es imposible transmitirles una conciencia
impecable, será como la nuestra una mezcla de bien y de mal, capaz de amar y de
destruir, de cuidar y curar o exterminar, de actos heroicos o espeluznantes, y
podrán asesinar a 10 millones de personas si así lo quieren y ni podremos controlarlas. Las AGI ya están siendo
construidas y serán más poderosas que las inteligencias humanas. Si se les
agrega la conciencia quién podrá manejarlas, estamos cruzando el umbral del descontrol,
baste con recorrer Samsung Digital City a una hora de Seúl. Parece que la especie
humana como la más inteligente de este planeta tiene sus días contados. No obstante en esta
época donde escasea la sensibilidad hacia Dios, en este mundo donde impera el
árido lenguaje de las tecnociencias digitales, el misticismo se considera y se
anhela como un recurso capaz de involucrar la mente y la persona, el alma y el
cuerpo, el espíritu y los sentidos hacia un amor universal a Dios, los seres
humanos y la ecología. Universidad
Urbaniana, Misticismo, fenómenos místicos y santidad, 2025 Frankenstein de Mary Shelley, 1816 anticipó
el discernimiento sobre los peligros de avanzar en el dominio tecnocientífico
sin considerar el impacto social, ambiental o emocional sobre genética, AI
biotecnología y moral. La pregunta ante su Frankenstein, que comienza
bueno y termina perverso, sigue en pie. Valdrá todo en nombre del progreso, o
el conocimiento debe ir acompañado de compasión y responsabilidad ética. Para
León XIV la humanidad no
solo debe prestar atención a lo que la AI puede hacer, como a una eficaz
atención médica, sin menoscabar la relación personal entre pacientes y
profesionales de la salud., sino en quién nos estamos convirtiendo a través de
las tecnologías que desarrollamos. Y
asumir un nuevo humanismo digital que ponga la dignidad humana, la educación
crítica y la responsabilidad ética en el centro de la revolución tecnocientífica. Tenemos que defender al enfermo con una
visión que mira como Jesús, donde la caricia y el trato humano sean el mejor
antídoto contra la deshumanización gestional sólo ex machina.
12. Es
frecuente que María sea presentada o imaginada como una fuente de donde mana
toda gracia. Si se tiene en cuenta que la inhabitación trinitaria, Gracia
Increada, y la participación de la vida divina, gracia creada son inseparables,
no podemos pensar que este misterio pueda estar condicionado por un paso a
través de las manos de María. Imaginarios de este tipo pueden enaltecer a María
de tal modo que la centralidad del mismo Cristo desaparezca o resulte limitado.
Pero toda nuestra salvación es obra sólo de la gracia salvadora de Cristo,
Único Redentor del ser humano y único Mediador entre Dios y los hombres, y no de algún otro pues ninguna creatura puede
conferir la gracia. Ninguna persona humana, ni siquiera los apóstoles o la
Virgen, puede actuar como dispensadora universal de la gracia. Sólo Dios puede
regalar la gracia y lo hace por medio de la Humanidad de Cristo, ya que la
plenitud de gracia de Cristo hombre la tiene como Unigénito del
Padre. En la perfecta inmediatez entre un ser humano y Dios en la comunicación
de la gracia, ni siquiera María puede intervenir. Ni la
amistad con Jesucristo ni la inhabitación Trinitaria pueden concebirse como
algo que nos llega a través de María o de los santos. En todo caso, lo que
podemos decir es que María, y los santos, desean ese bien para nosotros y lo
piden junto a nosotros, no como fuente o canal universal de todas las
gracias. Por eso dijo san Agustín que más le conviene a María ser discípula de
Cristo que haber sido madre de Cristo. Y el Papa Francisco insistió en que
es más discípula que madre, la primera y la más perfecta discípula de Cristo.
Mater Populi fidelis, 45.47.50.53.54.73 María tiene una cooperación
subordinada, no de corredención en sentido estricto. La redención es obra
exclusiva de Cristo y el título corredentora podría causar confusión. El
problema no es la devoción ni la teología bien formulada, sino el riesgo de
equívocos. Algunos pueden interpretar corredentora como si María compartiera el rol redentor único de Cristo, lo cual contradice la fe cristiana. Por eso se
desaconseja el uso del término, no por negar la colaboración de María, afirmada
por los Padres desde Justino e Ireneo de Lyon, sino por cuidar la claridad doctrinal y
el diálogo ecuménico. No es definitivo en sentido absoluto, aunque sea Motu
proprio de León XIV. Suponemos podrá ser revisado, matizado aclarado o
profundizado con el tiempo, no define un dogma sino que orienta el lenguaje
teológico y pastoral. No condena a quienes usan el término corredentora bien
entendido cual colaboradora del ser humano cumbre de la Iglesia por encima de
todos los ángeles y santos. Es una orientación del magisterio ordinario, no una
definición infalible, ni niega la cooperación necesaria, subordinada nunca
igualitaria de María la Nueva Eva, sino que propone expresarla con títulos más
claros que no llevan a confusión cual si hubiere dos redentores. Pero podría no tener buena recepción, como pasó con
Fiducia supplicans. Será conveniente que el magisterio dé aclaraciones oportunas salvando la colaboración esencial de la
Virgen que todo mantenemos. Cuando una declaración genera escándalo entre fieles sencillos,
división entre obispos, y ruptura con Iglesias hermanas, no basta con esperar. La
autoridad debe ejercer el ministerio de la comunión y la unidad, no sólo de la necesaria innovación en terminologías, τοῦ γνῶναι αὐτὸν καὶ τὴν δύναμιν τῆς ἀναστάσεως αὐτοῦ καὶ κοινωνίαν τῶν παθημάτων αὐτοῦ. Fil 3, 10 La comunión de los santos, τὴν κοινωνίαν τῶν ἁγίων,
aparece en el Credo Apostólico hacia finales del siglo IV. La teología pastoral no puede contradecir la teología espiritual y
dogmática ni la Tradición viviente de la encarnación redentora, del mérito de
condigno y el de congruo. Inimicitias ponam inter
te et mulierem et semen tuum et semen illius, ipsum conteret caput tuum, et tu
conteres calcaneum eius. María participa en la obra salvadora de Cristo como está en las Escrituras. Gn 3, 15 Ella es la Mujer que participa en la victoria contra la serpiente. Ap 12 Y Jesús se dirige a María como Mujer en Caná, Jn 2, 4 y en el Calvario, Jn 19, 25-27 junto a Él en la Hora de su Cruz, y junto a Él en la Gloria Resurreccional. R. Garrigou Lagrange, La Madre del Salvador. Miguel Ponce Cuellar, María, Madre del Redentor
y Madre de la Iglesia. Gerhard Müller, Qué significa María para
nosotros los cristianos. A. Giménez González, María, mi Madre, Corredentora,
Mediadora, Abogada
